miércoles, 27 de abril de 2011

Huyendo de tu recuerdo

Y de nuevo me encuentro frente a frente con su recuerdo. Aun corre por la vida descalza, con el cabello alborotado al viento. Me visita como lo hizo en noches de invierno, con su vestido de ilusiones y estrellas. Su voz aun enciende mi corazón.

Pero no, todo ha cambiado. Ahora sus palabras no son para mi, sus pies caminan al compás de otros pasos y su cabeza reposa en otros hombros. ¿Pero donde quedo yo?
No, en uno no caben esos cambios. Así que le borras el nombre a tu musa y le dedicas tus pensamientos al aire, a una idea.

Porque eso de no olvidar no pega. No olvidas, pero no lo pueden saber ellas. Porque el ser el tipo de hombre que muere por una persona, que escribe en su honor y vela por que sea feliz les agrada como idea, como el protagonista de una novela. Pero en realidad no buscan a alguien así: buscan alguien que pueda fingirlo. Así que hay que ocultarlo bajo un manto de cinismo y altanería.

Todos los hombres en el fondo somos así, queremos ser el príncipe azul que nuestra princesa merece. Pero cuando te das cuenta que ella prefiere ser secuestrada por un caballero negro, no te queda mas opción que colocarte tu propia armadura obscura y salir a secuestrar otras damiselas.

Es así como solo guardas su recuerdo, como si de una fotografía se tratase. Y la llevas escondida donde nadie la pueda ver (por ejemplo, en tu cartera).

Shhh... si pones atención, el silencio llevara a tus oídos las palabras que debo tragarme.

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