De repente, en las noches frías y de soledad, me dan ganas de buscarte, sacarte del abandono, escribiéndote, llamándote, mandando señales de humo, lo que sea para que vengas a rescatarme del abismo una vez más.
Pero entonces me pregunto ¿realmente me puedes rescatar?, ¿aún posees ese mágico poder? Me detengo un momento con el correo electrónico abierto o el celular en mano.
Y entonces desisto, nuevamente, sólo para esperar otro momento de necesitarte otra vez… o tal vez es solo el miedo de, ya sabes, buscarte y no encontrarte.
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