viernes, 1 de julio de 2011

Espera

Me encontraba en un café del centro, de esos con un ambiente entre trovador y hippie, esperando como de costumbre a que mi amigo se dignara a llegar, ya que con la tremenda lluvia que había, se retrasó más de lo normal. Decidí adelantar pues mi primer café, pero entonces se apareció en mi mesa un tipo raro con pinta de querer platicar conmigo (con lo que me encanta que gente desconocida me cuente su vida); por alguna extraña razón no me anime a decirle que estaba esperando a alguien más, así que sólo se sentó y acto seguido comenzó a decirme lo siguiente:

Ya no queda nada más que esperar, ver como la vida se va pasando a su ritmo mientras decido no hacer nada. No hay motivo, razón o pasión que me lleve a hacer otra cosa que no sea esperar la muerte con paciencia, nada que valga la pena. Tal vez será una larga espera, pero señorita, aún me queda suficiente paciencia para eso, tal vez sea lo único que tenga.

La gente no lo entiende, piensan que estoy equivocado y, bajo la premisa de que existe algo más intenso y mejor, me toman por un despilfarrador de la magia de la vida. No es así. Sólo nací para morir. Al día de hoy, lo único que me hace sonreír cada mañana al despertar, es pensar que mi muerte está un poco más cerca. Yo sé que usted me entiende.

Me quedé atónita, mientras el tipo raro tomó mi taza y bebió el café que aún había; así como llegó, se fue, no sin antes mirarme a lo ojos fijamente y transmitirme una sensación que hasta ahora sigo sin comprender. Para cuando salí del trance, me di cuenta de que tenía un mensaje de voz, estaba plantada. Bueno, al menos tuve compañía por un rato.

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