¡Te lo prohíbo! No me sonrías cuando te estoy odiando con todas mis entrañas, no dejes salir esa luz que llevas dentro en una explosión de carcajadas cuando intento cubrirte con oscuridad.
Una vez más te lo diré, ¡quita esa sonrisa tonta de tu rostro!, que siento como el cuerpo me tiembla por recordar lo dentro que estas de mi corazón, y estas prohibidas ganas de comerte a besos, de correr hacia ti y colgarme de tu cuello están a punto de vencer mi fuerza de voluntad, mi terquedad.
Odio tanto amar tu sonrisa.