jueves, 6 de junio de 2013

Visiones

Tanto descanso me hace daño, más si me acompaña mi música de siempre y esta copa de frío vino blanco (tinto no porque me raspa en las ilusiones). Sentada en el único sillón de la sala, mirando hacia la ventana donde no se contempla el atardecer, comienzo a crear sentimientos en mi corazón, combinando un poco de lo que me haces sentir con esas emociones que he tomado de las novelas que tan asiduamente leo.

Y entonces me veo, te veo, cruzando las miradas tan fuertemente que ni mil paredes se pueden interponer, y llenando mi alma de tu cálido aliento, haciéndome flotar por sobre todos mis miedos. Voy sintiendo un fuego que cosquillea todos los rincones de mi cuerpo, sin duda alguna aumentará espléndidamente cuando tus huellas dactilares recorran el camino de mis venas. Me recitas poemas al oído, lleno de sentimiento, parece que tú mismo los has escrito para mí, hinchando cada vez más el sentimiento que por ti crece. Las luces del mundo se apagan, sólo está iluminado el espacio que me lleva hacia tus brazos: tú eres mi camino, mi destino…

Se acabó la copa de vino. Mejor voy por un tequila, que me estoy poniendo demasiado cursi; mis visiones no son coherentes con la realidad.